martes, 7 de junio de 2016

La educación ambiental emerge en los años setenta
como una estrategia para enfrentar la crisis ambiental que a su vez significa un reflejo de la crisis de la civilización occidental en su conjunto. Es a partir de estos años que se empezó a generar un estado de opinión crítica sobre el futuro de la humanidad que contrastaba con el optimismo dominante de las décadas anteriores. Por primera vez se consideró la educación como una exigencia colectiva ante la necesidad de preservar el escenario de la vida.
 
Las orientaciones fundamentales, así como los principios básicos de la educación ambiental en todo el mundo se establecieron en la conferencia intergubernamental de educación ambiental de Tbilisi celebrada en 1977. En su "Declaración final" destaca el enfoque global (holístico) que se da a la educación ambiental, el carácter interdisciplinario y las bases éticas a construir. Todos estos aspectos orientados hacia la comunidad, "fomentando el sentido de responsabilidad de sus miembros, en un contexto de interdependencia de las comunidades nacionales y de solidaridad de todo el género humano".
 
Algunos de sus principios elementales señalan la exigencia de considerar el ambiente en su totalidad; de otorgar un amplio reconocimiento a la vida; la trascendencia de promover un cambio de valores y la necesidad del trabajo interdisciplinario.
 
En este movimiento intergubernamental sobresale una nueva filosofía moral que busca establecer una nueva valoración para la Tierra, los animales y las plantas, donde además se persiguen criterios morales acerca de las relaciones interpersonales, culturales y sociales, en general, complementadas con una nueva relación del ser humano con la naturaleza que sustituya la ideología de uso y dominación.
 
Desde su inicio, la educación ambiental desempeña un papel de ruptura entre las disciplinas dominantes al conjuntar  los conocimientos y saberes albergados por las ciencias tanto sociales como naturales que tienen que ver con el concepto de ambiente. A la educación ambiental le toca definir valores que impulsen el desarrollo moral requerido para enfrentar y prevenir el deterioro ambiental, su papel también implica una función transformadora de la sociedad que a su vez pide respuestas congruentes.
 
El reto actual, de la misma manera que lo fue hace más de 20 años en la conferencia de Tbilisi, sigue siendo cómo llevar los principios filosóficos y éticos planteados a la práctica educativa. El trabajo y esfuerzo generado por la UNESCO, aunado al de diferentes países, organizaciones y personas involucradas ha sido muy importante. Sin embargo, en diferentes casos se ha trabajado con una visión de la educación ambiental reducida y simplificada; los programas cuyo propósito principal es generar la sensibilización ciudadana son ejemplo de ello; así como los que dan prioridad a la incorporación de contenidos ecológicos o se dirigen a proporcionar una capacitación somera sobre problemas puntuales y concretos. El resultado ha sido la reproducción de una visión fragmentada de la realidad, ya que a menudo se dejan de lado los componentes sociales, económicos, políticos y culturales del deterioro ambiental. A su vez, el quehacer ambiental se sigue basando en disciplinas aisladas, sin que esto contribuya a la generación de un pensamiento crítico y responsable.
 
Como alternativa, además de reconocer esta situación, se requiere volver a los principios orientadores y trascendentales de Tbilisi, así como buscar nuevas formas de abordar la realidad desde los campos de las ciencias sociales y naturales (incorporando el pensamiento complejo); reconocer el papel de las culturas locales; promover una pedagogía de grandes alcances que implique una forma radicalmente distinta de ver el mundo y de acoger otros saberes y concepciones, e impulsar nuevas formas de relación con la naturaleza.
 
¿DÓNDE SE UBICA LA EDUCACIÓN AMBIENTAL?
 
En el contexto histórico podemos situar que la crisis de la civilización actual no solamente tiene que ver con estilos de desarrollo y sus formas de crecimiento económico, con el incremento desmedido de la población humana, con la tecnología y sus productos contaminantes, o con las formas de apropiación y sobreexplotación de los recursos naturales.
 
Se habla también de una crisis de la modernidad caracterizada por la pérdida de valores y la falta de certeza en el futuro, panorama que representa la necesidad de buscar nuevos caminos y el replanteamiento de valores y formas de vida.
 
Destaca cómo irrumpe en nuestro mundo moderno la crisis ambiental, la cual evidencia los efectos y las causas de la crisis de la civilización actual. En este marco, el crecimiento económico ha sido el motor para el desarrollo de una concepción tecnoeconómica (globalizadora y neoliberal) que ignora los aspectos humanos relacionados con la identidad, la comunidad, la solidaridad y la cultura. Esta fe ciega en el desarrollo ha traído como consecuencia los múltiples y graves problemas ambientales, ante los cuales emerge la urgente necesidad de prevenirlos y solucionarlos; dos estrategias de  gran trascendencia por su carácter interdisciplinario son: la educación ambiental y el desarrollo sustentable.
 
Esta necesidad de búsqueda de opciones y soluciones a la crisis ambiental ha mostrado que existe una estrecha relación con las formas en que se ha generado y aplicado el conocimiento, esto es, con una visión de simplificación y especialización basada en la fragmentación del mundo y la realidad en objetos y objetivos, con la parcelación del saber y la consecuente pérdida de una percepción integradora.
 
En retrospectiva podemos ubicar la concepción del mundo actual con su influencia occidental predominante en diferentes antecedentes históricos que han convergido y se han implantado en las formas de vivir y concebir el mundo contemporáneo. Por ejemplo, de los griegos se ha heredado la concepción de lo que es considerado racional y lo que no lo es. Los griegos se interesaron más por las regularidades de la naturaleza y las "leyes" que se pudieran manejar con la razón, en cambio, prestaron poca atención a procesos mundanos que no estuvieran cerca del alcance de la razón. Este hecho se acentúa con el surgimiento y desarrollo de la ciencia moderna occidental y el mecanicismo, ambos procesos expresan sus efectos en la división existente entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. Aún se debate acaloradamente sobre cuáles conocimientos deben ser considerados como científicos y cuáles no.